Ryszard Kapuscinski murió en pleno
invierno, en enero pasado, y no era tan conocido como podría esperarse con base
en la influencia que ejerció su obra. Pertenecía al grupo de los grandes a
quienes jamás concedieron el Nobel, como Joyce, Proust y Nabokov; pero para sus
lectores, lo merecía: “la deidad”, lo llamaron más de una vez, en
sus elegías fúnebres. Aunque expresiones desesperadas, como “la literatura
del mundo” invocan bongós, abalorios y asientos indios, los libros de Kapuscinski
son, de hecho, tan evocadores y singulares en inglés como en su polaco original
(que, se dice, es de una finura austera). Para muchos, el día de su muerte fue
frío y oscuro.
Hasta 1983, la
mayoría de los lectores occidentales confundían su nombre con un café polaco.
El primer libro de Kapuscinski que se publicó en inglés, gracias a la
traducción del equipo que formó la pareja William R. Brand y Katarzyna
Mroczkowska-Brand, fue El emperador (cuyo original se editó en polaco
en 1978), una fascinante narración oral del gobierno de Haile Selassie en
Etiopía; al cual siguió, en 1985, la que muchos consideran su obra maestra: Shah
de Shahs (publicado originalmente en 1982), un recuento breve, tenso y
fragmentario de la revolución iraní de 1979. En 1987 apareció Otro día de
vida
(publicado originalmente en polaco en 1976), un reportaje, extraño y demoledor,
que envió desde Angola, mientras los antiguos caciques portugueses de la región
corrían por sus vidas.
Esos tres libros
lograron que Occidente lo aclamara como el periodista literario más importante
del mundo. El título era algo tardío, considerando que Kapuscinski llevaba 30
años despachando informes desde el subcontinente indio, Asia, América Latina y,
sobre todo, desde África; primero al servicio de un diario polaco juvenil, como
su primer y único corresponsal extranjero, y, después, para la Agencia Polaca
de Noticias. Como hoy sabemos, a partir de su nota “Sobre el autor” de La sombra del
sol
(2001), Kapuscinski “fue testigo de 27 golpes de estado y revoluciones” y “fue condenado
a muerte cuatro veces”, un resumen biográfico que hace palidecer de envidia a
más de un escritor.
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