Está claro que, a la alta
dirección de Citibank, megabanco de Nueva York y dueño de Banamex le faltó “educación
financiera”, ya que metió a Citibank en un atolladero que le ha
resultado fatal.
Citibank dejó fuera de
balance la friolera cantidad de 800 mil millones de dólares –¡Qué linda cifra,
así, con tantos ceros! ¡800 mil millones de dólares!– de préstamos de dudosa
recuperación. Citibank está quebrado, bien y bonito. ¿Qué mejor prueba que les
faltó “educación financiera”?
La asociación oficial
de contadores públicos en Estados Unidos (USNASBA) informó a Citibank así como a otros
bancos que era necesario mayor información y transparencia, y pidió que
subieran estas cuentas incobrables o de dudoso valor, a su balance. A lo cual
estos genios, cuya subsidiaria Banamex pretende educar al público,
respondieron llanamente que: “No es práctico subir al balance, esas cuentas,
por el momento.”
El dinero de papel ha
sido para México como una locomotora que nos atropella y corta las piernas cada
y cuando. En México, el primer dinero de papel se vio en 1854, con una emisión
de billetes del Banco de Londres y Sud América. Hubo en esos días, una
caricatura profética, publicada en un periódico, de un indígena aseándose con
un billete.
En 1910, la tasa
peso-dólar era de dos pesos por un dólar. Hoy estamos a 13 mil pesos por dólar,
si le quitamos el maquillaje que le dio al peso Salinas de Gortari, al quitarle
tres ceros. La locomotora inflacionaria, cuyo combustible es el dinero
artificial, ha hecho bien su trabajo; con regularidad pasa por encima de los
mexicanos y les cercena sus ahorros.
El dólar de hoy
equivale a 4.5 centavos del dólar de 1910.
Los bancos con su
Bancos Centrales –Banxico en el caso de México– han planchado al mundo. Y es
necesario educar a las generaciones que vienen, para preparar a sus nuevas
víctimas.
El Financiero informa que según el
subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Székely, “la educación
financiera debe ser un tema prioritario (sic) en la agenda educativa y
nacional, ya que los hogares mexicanos ahorran poco, cuando hay condiciones
favorables para ello”.
Proponemos que en
lugar de hablarse de “educación financiera”, que es simplemente una forma de
encubrir el propósito de lograr que más jóvenes vayan llevando su dinero,
cuando se lo ganen, a depositar a las instituciones financieras, se hable más
“transparentemente” de un programa de “confusión financiera”, que tendrá por
objeto meterles a todos los jovencitos ideas sobre intereses, cómo calcularlos
y diversas formas de prestar sus ahorros a Banamex, para que los
planchen subsecuentemente con la inflación monetaria, que es parte de la
cultura financiera de México.
Introducir lo
complicado en lugar de lo sencillo. ¿A quién le conviene? Al que se va a
aprovechar del confundido cliente depositante, para que el cliente se deshaga
de billetes y entregue sus billetes a Banamex, donde el dinero –ya sólo papel,
que más adelante servirá para asearse uno– se volverá dinero imaginario, porque
jamás nadie ha visto, ni tocado, ni olido un depósito en cuenta de ningún
banco. Es el segundo paso en el proceso de planchado por la locomotora.
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