Mientras la larga senectud de
Fidel Castro llega a su término, la revolución parece estar de vuelta en el
aire, o al menos los recuerdos de ella con habanos fumados desde La Habana
hasta Hollywood. La obra épica de Steven Soderbergh “Che” está llegando a los
teatros estadounidenses y en un reciente episodio de Mad Men se escucha quejarse
a un publirrelacionista de Rogers & Cowan en una fiesta en un country
club,
sobre lo indigno que resultó hacer trabajo de promoción para la C.I.A. (Agencia
Central de Inteligencia por siglas en inglés) en las vísperas de Bahía de
Cochinos.
El nuevo interés
sobre Cuba que está generando el futuro de la isla, sin borrar su historia
reciente, no ha pasado desapercibido por editores como T. J. English, Habana
nocturna, un magistral recuento de la corta pero exitosa presencia de la mafia en
la década de los años 50 en Cuba, que se ha convertido en un best seller, así como Télex
desde Cuba, la primera novela de Rachel Kushner, escenificada principalmente en el
enclave de la adinerada compañía United Fruit, mientras los dos hermanos Castro
se confabulaban en los montes cercanos, ha sido ampliamente elogiada.
Para cualquiera que
halla pasado mucho tiempo en un taburete alto en un bar contemplando las
elegantes botellas de la cantina, el mas reciente título de literatura
reminiscente de la era pre revolucionaria de Castro, Bacardi y la larga
lucha por Cuba: La biografía de una causa, escrita por Tom Gjelten, un
veterano corresponsal de National Public Radio (NPR, por siglas en
inglés) puede parecer un poco confuso al principio.
Durante años las
etiquetas de muchas versiones del ron Bacardi han anunciado, debajo del
logotipo familiar del murciélago, que son un producto de Puerto Rico, en donde
la compañía opera una destilería desde 1937. Pero Bacardi fue fundada hace 75
años en una pequeña destilería con piso sucio en Santiago de Cuba por Facundo
Bacardi Massó, español de nacimiento e hijo de un albañil analfabeta.
Facundo logró crear
un sabroso y poco común ron suave, pero fueron sus tres hijos, especialmente el
mayor, Emilio, quien transformó su creación en una mina de oro, y en el
proceso, como lo muestra Gjelten, entrelazó su historia de una manera tan
estrecha con Cuba que hasta ahora no es fácil separarla.
Hemingway, que ayudó
a vender mucho ron por su descomunal afecto por el daiquiri, dedicó su Premio
Nobel al santo patrono de Cuba durante una fiesta en su honor que le organizó Bacardi.
Uno de los más viejos
jefes de producción de la destilería de la compañía en Santiago era el hermano
de Miguel Matamoros, uno de los más importantes compositores y pionero de la
música salsa. Asimismo uno de los altos ejecutivos de la empresa era el abuelo
de Desi Arnaz Jr., y otro ejecutivo era el padre de Vilma Espín, una joven y
hermosa revolucionaria que se convirtió en esposa de Raúl Castro, el hermano
menor de Fidel. (Raúl quedo a cargo de la presidencia del país este año.)
Aun después que el
régimen castrista nacionalizó las instalaciones de la compañía en 1960, año en
que casi toda la familia Bacardi y muchos de los ejecutivos abandonaron Cuba
(dejando así marchitar , según cuenta una leyenda de la empresa, el plantío de
árboles de coco con casi un siglo de existencia en la destilería original), los
Bacardi se convirtieron en el rostro y en una de las principales fuentes de
dinero para apoyar el movimiento anti Castro en Estados Unidos, que en
ocasiones buscó lograr su objetivo con una audacia casi inverosímil.
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