Londres– El novelista John Le
Carré recordó un encuentro de hace más o menos una década, cuando la Guerra
Fría pasaba a la historia y daba lugar a un sistema nuevo de amenazas turbias y
alianzas incómodas. Sir David Spedding, enfermo y en vías de jubilarse como
jefe del Servicio Secreto de Inteligencia, o MI 6, había llegado a visitarlo en
su casa en Cornwall y conversaban sobre las nuevas realidades del espionaje. “Me
dijo: ‘No puede usted imaginarse lo repugnante que se ha vuelto nuestro mundo’”, recuerdó Le Carré. “Y
yo acepto eso. Es un mundo repugnante”.
A sus 76 años, Le
Carré tiene el pelo blanco como la nieve, es gracioso y refinado, habla en
párrafos perfectos y emana el aire de discreto privilegio y maneras
distinguidas de un estadista jubilado. Si quisiera, todavía podría estar
produciendo libros muy gustados sobre su espía más famoso, George Smiley,
recientemente de MI 6, o entrando poco a poco en una vejez digna en la que se
dedicaría a jugar con sus nietos y a comer en su club.
Pero aún tiene la
mente aguda, rebosante de ideas, e impulsada por una nueva y justificada furia.
Se ha vuelto, si no exactamente radical, sí por lo menos más claro acerca de
sus opiniones políticas y más dispuesto a expresarlas. Su último libro, A
Most Wanted Man (Un hombre muy buscado), de la editorial Scribner, aborda una de sus
preocupaciones: los excesos, como los ve Le Carré, de la política exterior
norteamericana y la naturaleza inmoral de las prácticas de inteligencia que la
apuntalan.
El mensaje del libro,
número 21, está incorporado en un relato absorbente: de espías y probables
espías; de lealtades divididas; de inocencia corrompida. El personaje del
título es un joven refugiado musulmán de nombre Issa, quien repentina e
ilegalmente se aparece en Hamburgo y se pone bajo el cuidado de una joven e
idealista abogada. Pero luego pasa a ser el objeto de un desagradable y mal
concebido juego de tira y afloja entre facciones enemigas de varias agencias de
inteligencia occidentales, que no pueden ponerse de acuerdo sobre si el
personaje es un hombre destrozado o un peligroso terrorista, o tal vez un poco
de ambas cosas.
No hay escenas de
tortura en A Most Wanted Man, pero Issa, su pasada y quizás
futura víctima, vive perpetuamente bajo su sombra. La degradación de la tortura
y el horror de prácticas como la rendición extraordinaria fueron temas que Le
Carré retomó una y otra vez en una conversación reciente, en el curso de la
cual bebimos te y comimos galletas de mantequilla en un día nublado en la sala
de su hermosa casa victoriana en Hampstead, norte de Londres.
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