Dios se ha suavizado. El Dios al
que la mayoría de los estadounidenses rinde culto se molesta ocasionalmente por
cuestiones como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero
es manso en comparación con el Yaveh de la Biblia hebrea. Aquel era un
Dios guerrero, salvajemente tribal, profundamente inseguro de su posición y
dispuesto a cometer asesinatos en masa para demostrar sus poderes.
Yaveh tenía fuertes
opiniones morales y en ocasiones inteligentes, acerca de cómo debían portarse
los israelitas. Sus antepasados cazadores-recolectores, en comparación, eran
dioses incompetentes. Moralmente desorientados, su pueblo les gritaba con
frecuencia y tenían una tendencia a las obsesiones peculiares. Un dios del
trueno se enojaba si las personas se peinaban durante una tormenta o veían a
los perros aparearse.
En su brillante
libro, La evolución de Dios (The Evolution of God), Robert Wright cuenta
la historia de cómo creció Dios. Comienza con las deidades de las tribus
cazadoras-recolectoras, pasa por las de los cacicazgos y naciones, por las del
politeísmo de los primeros israelitas y del monoteísmo que le siguió, para
desembocar en el Nuevo Testamento y el Corán, antes de terminar con los
modernos y multinacionales dioses del judaísmo, el cristianismo y el islamismo.
El tono de Wright es
razonado y cuidadoso, incluso titubeante, en toda la obra, y es agradable leer
sobre temas como la moralidad de Cristo y el significado de la yihad sin tener
la sensación de que nos están gritando. Sus puntos de vista, empero, son provocativos
y controvertidos. Hay algo aquí para molestar casi a cualquiera.
En fuerte contraste
con muchos secularistas contemporáneos, Wright es optimista con respecto al
monoteísmo. En No cero: La lógica del destino humano (Nonzero: The
Logic of Human Destiny), de 2000, sostiene que la historia humana tiene una dirección
moral, que la expansión tecnológica y la creciente interconexión global nos han
impulsado hacia relaciones cada vez más positivas y mutuamente benéficas con
otros.
En La evolución de
Dios,
Wright dice algo similar desde un punto de vista religioso, y propone que la
creciente bondad de Dios refleja la creciente bondad de nuestra especie. “Conforme
crece el ámbito de la organización social, Dios tiende a ponerse finalmente al
corriente y acoge a una porción más grande de la humanidad bajo su protección,
o por lo menos bajo su tolerancia”.
Wright sostiene que
cada una de las grandes religiones abrahámicas se han visto obligadas a crecer
moralmente al encontrarse interactuando con otras religiones a nivel
multinacional, y que esta expansión de la imaginación moral refleja “un
propósito más elevado, un orden moral trascendente”.
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