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Jueves 01 de octubre de 2009. Núm. 47 
Memorias
 
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Mentiras que mi madre nunca me contó

(Lies my Mother Never Told Me)



Por Kaylie Jones

(William Morrow), Ilustrado 372 pp., 25.99 dólares

Reseña de Janet Maslin
Janet Maslin ,

Cuando el padre de Kaylie Jones, el escritor James Jones, murió el 9 de mayo de 1977, en la sala de la familia se escucharon gritos sofocados de: “¿Dónde está mi papá”, y “quiero a mi papá”. Pero las exclamaciones no provenían de Kaylie, de 16 años, quien acababa de quedar huérfana de padre. Provenían de Gloria Jones, la histriónica madre de Kaylie, quien nunca perdió una oportunidad para denigrar a su hija. “Yo era mucho más bonita que tú cuando tenía tu edad”, recordó Kaylie, cuando de niña su madre la hostigaba.

Las memorias de Kaylie, Mentiras que mi madre nunca me contó, son la hora de la retribución. Kaylie denuncia la crueldad, el narcisismo y la fuerte adicción al alcohol de su madre, y hace relato tras relato sobre las mordaces bromas, las feroces y malintencionadas expresiones de su madre.

Lo que tenemos aquí es la oportunidad de Kaylie para saldar estas viejas cuentas y, al mismo tiempo, establecer más sólidamente su propia autenticidad literaria. Ha escrito otros cinco libros, incluida la novela A Soldier’s Daughter Never Cries (La hija de un soldado nunca llora). Sin embargo, la malevolencia de Gloria, quien murió en 2006, todavía moldea la historia de la vida de su hija desde más allá de la tumba.

“Tienes que hacer que tu madre deje de beber tanto”, le dijo James Jones a su hija, horas antes de morir. Ella le afirmó que lo haría, pero, como hoy recuerda: “No tenía ni idea de lo que estaba prometiendo”. Pese a las abrumadoras pruebas del alcoholismo de su madre, Kaylie era ya una adulta hecha y derecha antes de que estuviera dispuesta a reconocer el mal de su progenitora. “Me sentía como la Rosemary de ‘El bebé de Rosemary’ cuando juntó el anagrama con las piezas de Scrabble y se dio cuenta de que estaba rodeada de mentirosos”.

Como lo pone en claro en Mentiras que mi madre nunca me contó, Kaylie tenía motivos para no percatarse de la situación. Ella también tenía un serio problema con el alcohol, como todas las sofisticadas figuras literarias que frecuentaban el círculo social de sus padres.

La primera parte de estas memorias trata de la vida supuestamente encantada que llevaba la hija de un escritor estelar, con todo y la mención de nombres importantes y las extravagantes escenas de las fiestas a las que asistía. En cierta ocasión William Styron coqueteó con ella, lo que provocó que Kaylie le dijera que tan solo esa idea haría que su padre se revolviera en su tumba. “Que se revuelva”, dijo que Styron le respondió.

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