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Martes 18 de noviembre de 2008. Núm. 42 
Doris Lessing: Una luz de la literatura
 
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La ganadora del Premio Nobel habla de su libro sobre su madre, de por qué Gordon Brown no es tan malo como Tony Blair y de su problema con Yum-Yum.
Deborah Solomon ,

A sus 88 años, la acaban de galardonar con el Premio Nobel y tiene un libro nuevo, Alfred & Emily (Alfred y Emily), cuyo título se refiere a sus padres, colonizadores británicos que la criaron en Rodesia. En él cuenta la historia de ambos dos veces; primero como novela corta en la que fantasea con una vida feliz para ellos, y luego como memorias basadas en la triste realidad. Me parece un libro tierno.

No se trata de ternura. Se trata de justicia. Yo quería escribir acerca de mi madre tal y como debió ser de no atravesársele la Primera Guerra Mundial.

Usted imagina en su novela que la guerra nunca tuvo lugar, que ella llegó a ser pionera de la educación y que cientos de personas asistieron a sus exequias, cuando en la vida real era un ama de casa varada en África.

Esto es lo que creo: Era una mujer notable. Rodesia del Sur no ofrecía cabida a todos sus talentos. Yo sabía que estaba siendo desaprovechada. Lo importante es que le he escrito una vida que le restituye sus cualidades reales. Eso es lo importante, no el hecho de que no nos lleváramos bien.

¿No es demasiado tarde para darle una vida plena, puesto que ya no está aquí para leer el libro?

Sin duda me hace sentir mejor a mí. A ella no le sirve.

El libro que le ha dado más fama, El cuaderno dorado, se publicó en 1962, y desde entonces ha sido aclamado como una obra feminista clásica, etiqueta que usted parece rechazar.

No creo que el movimiento feminista haya aportado gran cosa al carácter de la mujer. Me refiero a que hemos producido algunas mujeres monstruosas. Lo que ha ocurrido es que, al dárseles un espacio para ser críticas y desagradables, por Dios que lo han tomado, así que ahora los hombres sufren por ello.

Durante las últimas dos décadas, la mayor parte de su literatura ha tomado el derrotero de la ciencia ficción, lo que ha decepcionado a críticos literarios como Harold Bloom.

A mí no me importa Bloom. Muchas personas opinan que algunas de mis mejores obras son las de ciencia ficción, y ellas son tan importantes como el maldito Bloom.

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